László Ranódy prodiga un profundamente personal paseo por su querido Baja y no un panfleto turístico ni menos propagandístico del Estado; no agradó por esta razón a las autoridades que no aparecieran signos del “progreso socialista” y que las lentes de Tóth no contemplasen instalaciones productivas del disparatado experimento totalitario; en su lugar, se explora el antiguo convento franciscano de Baja (Ferences rendház / Ferences kolostor) con sus 4 alas y en cuyo deslucido interior se aprecia el huerto doméstico cultivado en pleno claustro, las puertas independientes, tendederos, antenas y pequeños objetos domésticos.Tóth mantiene tanto tiempo la mirada sobre tejados envejecidos, patios, viviendas, calles y rincones aparentemente insignificantes por nostalgia y no para embellecer o lanzar loas a un sistema de Estado.

Lo mismo ocurre con la gran plaza central de Baja: Szentháromság tér, la Plaza de la Santísima Trinidad, que durante el periodo socialista se denominaba Béke tér. Pero el desenlace indispensable para entender la cultura de Baja es notorio con la secuencia postrera, con los pescadores arreglando sus redes, una combinación de redes de paño y, sobre todo, varias nasas o trampas de red de forma cilíndrica, llamadas en húngaro varsa, no hay que olvidar que Baja es una de las grandes capitales húngaras de la sopa de pescado, el famoso -bajai halászlé-.

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