Inmejorable inmersión al día a día del socialismo alemán de los 70 -ni en la desesperante etapa inicial de posguerra ni en la crisis de los 80- encarnado por la impecable Jutta Hoffmann a través del estudio de personaje de la madre soltera Margitt, ingeniera matemática con dos hijas quien duda una y otra vez si arriesgarse a ser moderna y tomar la iniciativa para conocer a Hrdlitschka mienyras el espectador calcula las decisiones de su vida matizadas por los flashbacks en que recuerda su juventud renunciando a la vocación de monja donde identificaba la verbena officinalis,el marrubio vulgaris, Angélica archangélica, Pimpinella anisum, hinojo, potentilla, árnica, y su fracaso primero al conocer al profesor de física, paseando con él en las montañas nivosas, y después con “el segundo” tropiezo, el invidente músico a quien conoció mientras conducía su bicicleta y verlo leer en el parque en voz alta letras descriptivas tan maravillosas “…la tierra tiembla a mis pies, abrazo ferientemente a los árboles…” enigmada se detuvo y le preguntó “estaba escuchando. ¿Por qué te lo estás aprendiendo de memoria?”. Pero igual que ocurrió con el profesor, del encanto del enamoramiento escuchándolo hablar y disfrutando sus vinilos con Beethoven siguieron las tardes monótonas jugando al ajedrez con él, expectante por sus ojos (esa maravilla tiene Egon Günther, sus personajes derraman mucha intimidad en sus silencios) partidas de juego reiterativas, algunas terribles a la intemperie con la helada tarde debido a que eso le venía bien a él por su turbeculosis, otros momentos más bien bochornosos como cuando lo encuentra tocando y cantando e una especie de cantina música vulgar con letras picantes.

Y así, mientras estos flashbacks se van al pasado doloroso porque recuperan el matrimonio fallido, el intento fallido del marido invidente por entrar a los altos estudios y su alcoholismo, el peso desproporcionado de ir sola con sus dos hijas, una de ella Dagmar posiblemente daltónica o con problemas de visión, en el presente Margitt le solicita en tono de juego y de verdad a su colega y amiga de trabajo Lucie, que investigue por qué Hrdlitschka se divorció. Pero la propia Lucie no escapa, casi al final del filme, de la realidad cotidiana nada distinta a la de Margitt y quizá de una inmensa mayoría de mujeres en la RDA de los 70s. La escena probablemente fue un típico lugar común en los edificios de apartamentos socialistas de interés social de entonces donde la precariedad en más de una ocasión no les permitía inmediatamente suficiente dinero para comprar cortinas para cubrir itimidad en sus ventanas y usaban sábanas al momento de un posible ayuntamiento sexual. Como sea, el hombre o amante de Lucie por dos años, quien la interrumpe en forma melosa para hacer el amor cuando ella veía su programa en inglés de la BBC, resulta absorto cuando en plena faena cuando recién se dessvestían, que llaman al timbre de la puerta y era entrega a domicilio que le llevaban una silla cpomida para ver sus programas de tv. Cuando el hombre constata el precio de 9,900 Marcos alemanes se escandaliza y le increpa en tono algo pasivo agresivo de mucha calma que con ese precio se hubiese comprado 3 sillas más otro mueble. La escena estropea la efusión erótica pero lo peor, decepciona por fin a Lucie de que ha tenido relaciones con un hombre que no la comprende y por el que ella misma reconioce no ha sentido verdadero amor. Así que al partir y arrojarle la cobija pir la ventana al tipo, telefonea Margitt envuelta en ira como siempre por el estrés de vivir sola con sus dos hijas y Lucie le avisa que ella ya está también soltera y si no se decide a ir a casa de Hrdlitschka, la propia Lucie si que lo hará. Margitt abirda por fin envuelta en nervios al guapo en la eatación de tren o en el vagón, es igual, y por fin debió ser el tipo de mujer que no brotaba de su ser, tal como ella le asegura al invitado en su primera visita a la casa cuando salen sus dos hijas de su recámara. No os perdais este justificación de ella al ver los ojos exorbitantes de Hrdlitschka, quizá les recuerde a la Myrtle Gordon de Cassavetes, pero versión socialista y sin embargo, lleno de autenticidad y actuado impecable como ya dije por la bella Jutta. Muy recomendable.

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