Almodóvar es bueno con los melodramas, con las evocaciones como a Chavela Vargas, nadie se lo debate pero por ello conceder que quiera escribir un guión como la narrativa de Georges Perec o Jorge Luis Borges, es un disparate!, ah, y tampoco le sale bien hacer cine aurorreferencial como -digamos- Alain Resnais. Este trabajo, perdón, parece un melodrama de TV; por más que intente venderse como drama intimista en la forma, lo que sobresale es el fondo, o sea el melodrama. De nada sirve el recurso a bautizar neologismos, como tranquizolanes, ni la intertextualidad si la capa metanarrativa hereda la artificiosidad de las circunstancias poco creíbles, y que rayan en lo banal, del escritor Raúl y la historia en sí.Almodóvar ha trabajado ene veces culpa, químicos o fármacos, duelo, pero no parece recrear con la mínima puntualidad ni el mundillo de las milongas de farándula y el cine que Elsa involuntariamente roza al ir a por los ansiolíticos de marras con Gaby (coca y excentricidad), ni con realismo creíble el drama de su amiga Elena por recibir una imagen abiertamente pixelada del marido siendo infiel en París. ¿Cómo es que este espectador-recensor se imaginó de antemano que la cineasta Elsa (aquella a quien le exploita la cabeza por migraña) escribiría o narraría una nueva ficción, y que ocuparía de alguna forma el material realista que le ocurre a su amiga, engañada por su marido y quien le pide verla en Madrid con su hijo? Se entiende perfectamente que Almodóvar explora el modo en que las semillas de una ficción escrita por Elsa, tiene vasos comunicantes -como los tranquizolanes que ella se chutó- con circunstancias de la realidad del escritor Raúl, como por ejemplo cuando Mónica, su auxiliar y mano derecha por décadas le deja para ir a ver a una amiga por la enfermedad incurable de su hijo, y cuando el niño muere y Mónica le comunica en larga distancia telefónica que debe pasar más tiempo con su amiga porque ya había intentado suicidarse con pastillas antidepresivas. Y lo mismo ocurre con la villa en Lanzarote en que Elsa -el personaje de Raúl- decide volver a escribir, inicialmente sobre la infidelidad del marido de su amiga y su hijo,m ientras Raúl revisa villas con Santiago colándose ocurrencias o singularidades de su realidad en la ficción donde Elsa es personaje y ella, Elsa escribe sobre personajes de ficción para lo cual invita a Natalia, la jovencita que ha sufrido un experiencia límite.

El final quizá es la peor parte, porque no termina por hilvanar las ficciones y en cambio, para fines sensacionalistas o sentimentalistas del filme ha elegido el burdo melodrama que Mónica le hace a Raúl porque este ha incluido en su novela a una madre que pierde a su hija por un accidente de auto, haciendo lucir a Mónica como neurasténica por ver reflejada a su amiga y al escritor delatando una confidencia, o bien por hacer lucir a Raúl como oportunista mezquino como quizá en algún momento lució Hemingway y su tendencia autoficcional, por poner un ejemplo, con el caso de Hadley Richardson y Pauline Pfeiffer, dado que se ha documentado cómo la experiencia del triángulo amoroso y de la ruptura alimentó la escritura de The Sun Also Rises. De cualquier modo, el filme no deja de hacer sentir al que esto escribe cansancio y aburrimiento porque ni los personajes de ficción de Almodóvar como Raúl y Mónica -dejemos a un lado a Santi- están bien delineados, ni los personajes de ficción de Raúl: Elsa o Boni, ni menos Natalia dejan de lucir vacuos, para los que solo sabemos de este que es bombero y streapteaser, y de aquella que siente dolor por el luto de su madre sin aceptar del todo.

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