Solo vale la pena para tenerla en la biblioteca audiovisual de lo extraño, en especial por el desenlace de la segunda historia, perversa y grotesca por la carne perforada en el ahogado con las uñas del ser. ¿Kenji-san no se ahogo por descuido en esa nefasta playa? Y por suouesto, la mejor hisotria, la tercera sobre la estatua de Jizo. Es bastante claro por no decir ingenuo, por otra parte, el espanto que pretende transmitir la trama en la primera viñeta del ex Hospital de la Armada Imperial con recámaras repletas de cadáveres apilados, un niño de 6 corriendo por allí, y espectros intermitentes trasegando pabellones y escaleras desoladas del nosocomio, el problema es el contexto incongruente en que las enfermeras fulana y su superiora Senpai tienen contacto o presencian los sucesos paranormales, como un elevador que te lleva al 8 piso, o seres introduciendo en un horno cuerpos de otros¿por qué requiere Yuri-chan revisar un pabellón vacío y por qué sonaría una alerta o alarma de un área en la cual no hay pacientes qué atender? La dirección es defectuosa, fijaos en la enfermera aterida de miedo en otro cuarto, y solo al ver los frascos con órganos o muestras Yuri-chan se imagina -en Blanco y Negro- los experimentos o torturas del pasado hasta que termina en la mesa de disecciones; el ciclo se repitirá con el turno de noche de Miyuki-san al siguiente día.De hecho, el segundo segemento también culmina con el reinicio del ciclo del ser y las garras acechando al incauto Guts Gocchan.

Y la tercera Jizo sin cabeza, la necesidda o, si se prefiere, la ambición o anhelo por darle lo mejor a su hijo cargado en la espalda hizo que Okayo-san aceptara la oferta de ir a por la cabeza de la estatuilla maldita (hay toda una leyenda malhadada urbana al respecto) y de hecho, desde que traspasa el Paso de Jizo en las umbrosas cuevas, no le bastó a la insensata con ensangrentar sus manos tan solo por intentar despegar o arramcar la cabeza de la efigie en el tétrico sitio, pero con una mirada diabpolica y testaurada como solo ella insistió en llevarse la cabeza por la que le prometieron un tanmono, continuar a pesar de la voz de ultratumba que le repetía “leave it behind” refiriéndose a la cabeza que sustrajo del lugar. La fotografía y escenario bien cuidado en este tercer y último cuento me ha recordado el “Verklärte nacht” de A.Schönberg montado por Anne Teresa de Keersmaeker.


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