Uno de los principales placeres de mi hobby por el cine es desempolvar una serie B como esta de Paolo Cavare que está repleta de (a) incrustaciones de otros géneros de época qué pueden rastrearse pero también plagada de (b) secretos cinematográficos que muestran la contradicción humana. Con (a) salta a la vista la necedad del cineasta Paolo por Bárbara -pasando del safari al romance- acosándola frente al marido en pleno buque y por fin conquistándola con un trasfondo musical que recuerda a Francis Laí, pero tras desembarcar en Singapúr, luego de un idilio relámpago -como los de Lelouch- deviene el género documental y con ello (b) el quid real del filme, la vendetta de Paolo Cavare por resaltar la mezquindad y cinismo explotador y narcisista del protagonista -también Paolo y también cineasta-. ¿Revancha? Sí, Cavara fue uno de los co-directores del escandaloso documental “Mondo Cane” (1962) junto a Jacopetti y Franco Prosperi. Desnudar la voracidad ilimitada del protagonista de esta obra era como una obligación moral porque el Paolo de esta obra no solo paga -aprovechándose de la necesidad de los sordomudos- sino que manipula a personas vulnerables incluyendo discapacitados o marginados en distintas locaciones para obtener tomas impactantes.

El encargado le explica que el dolor que piden sentir es al aire libre porque es liberador de su alma y salud espiritual, pero Paolo utiliza a Barbara como contraste en su documental fake staged reality, montando a los mismo lugareños y exaltando con fines enteramente lucrativos la escena abominable de las golpizas. Intentará lo mismo en Saigón solo que los monjes no se prestan a incendiar ni mucho menos su templo por más que les alegara mensajes vietnamitas y amor puro y libre con el que se atenuaría la escena con él mismo, el director y Barbara haciendo el amor en el falso incidente. Cuando la amante se percata de su fabricación de documentales hace un vano intento de tomar su maleta pero a besos la vuelve a engatusar y Paolo le repite que la realidad es aburrida. EL fime tiene relevancie justamente en que el director contribuyó a fundar un género “mondo” que llegará al éxtasis del cinismo en producciones como “Africa Addio” donde se evidencia exactamente esto que aquí se delata: cinismo y falta de escrúpulos para exaltar las partes más hediondas o necesarias para un mensaje alarmista que impacte y genere 5 estrellas en cine y comercialismo de venta o en taquilla o en cassettes. Paolo no se mide en su ambición, cuando llega cion su equipo a Siam y no halla más monjes o pobladores en un templo o recinto -porque una epidemia los ha arrasado- entonces llanamente fabrica hechos y pide que le consigan mariposas cientos o miles. Cuando ha llegado a ese sitio y solo ha encontrado un sultán viejo, que ruega le compartan algo de comida europea de la que ellos llevan, Paolo ha tropezado justo con lo que requería y literalmente pone a filmar a su equipo in situ, en las ruinas de ese palacio olor a humedad y vetusto, y con close ups y una ridícula parafernalia capta al pobre sultán comiendo sus mariposas para vender el documental como el sitio donde se hace eso que él inventó. Hay más. Cuando observa a sus tres o cuatro esposas apostadas cerca del viejo “edecán” thailandés, saca un fajo de billetes y a través del intérprete le propone comprarle a una de sus esposas. Obviamente Barbara y los demás solo pueden sentir rabia y pena por Paolo, pero ¿acaso dejan de seguirlo? No. Si el safari fue todo un truco mientras perseguían la gacela, si filmar los vietcongs casi le cuesta la vida a él y a su camarógrafo Valentino, especialmnente porque lo registraron y encontraron una pistola, nada cambiaría su necedad. Así que al final, cuando alguien les revela clandestinamente que habrá un atentado explosión en el Lion´s bar a la medianoche, ese fue el culmen. Le pide a Valentino que permanezca dentro del bar hasta medianoche grabando y obvio se niega a arriesgar así su vida. Muy enfadado toma la cámara y él mismo, Paolo se adentra a filmar hasta después de detonación. Cualquiera hubiese creído que sería el fin lógico y justo para un hombre tan egoísta. PEro la explosión ocurre. la filma y sale airoso de ellos, Barbara y Valentino filmando desde fuera corren al bar en pedazos para ayudar al eufórico directo “lo logré, lo filmé” y entonces un enorme arquitrabe del techo le cae a Barbara matándola. Buen desenlace, la mujer que incondicionalmente le siguió siempre, no sin repetirle lo imbécil que era por arriesgar su vida, muere.


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