Ravalejar/ Ravalear (2026) dir, Pol Rodríguez ★★★★

Review by Fernando Figueroa

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Jamás podría haber tenido un final feliz una historia como esta. Hace ya décadas que la crisis de vivienda y gentrificación -no solo en Barcelona sino en una plétora de grandes metrópolis- se ha vuelto una problemática real compleja, inmanejable social y jurídicamente, y ciertamente contemporánea, pero lo espeluznante de este retrato soberbio ubicado en el barrio de Raval,es que la estrategia de Álex y Marta para buscar y crear ex profeso invasores Okupa del edificio es el desesperado plan emergente para salvar del desahucio y expropiación el restaurante centenario de su padre Lluís y su madre. Desgraciadamente, el defender el patrimonio familiar catalán, en primer lugar ocasionará que bordeen la ilegalidad y, a partir del ep.2, de plano Álex, el hijo que ya en el pasado ha sido salvado de las drogas a través de rehabilitación comeince a reclutar menesterosos y homeless para rellenar el edificio, y perdiendo la brújla de lo correcto en aras de impedir que el fondo de inversión de la firma Eurohome se apodere del edificio así como todo el complejo barrial.Es cierto que Álex se mata con dobles turnos, primero en el muelle como estibador y luego corre a “Can Mosques” para ser cocinero y lava lozas pero entre un fideuá y aquel entrecot a las prisas progresivamente va perdiendo, es evidente desde el episodio 2, la nocipon del centro y la perspectiva de qué acciones valen la pena como riesgo y cuáles no para salvar el restaurante; con tal de salirse con la suya y demostrar toxicidad habitacional del inmueble con okupas, su primer error fue romper la regla número uno de las buenas noticias: no darlas hasta que son un hecho.

Lluís y su mujer ya brindaban y celebraban cuando el leonino y corrupto Cristóbal apenas negociaba un nuevo precio de un millón 400 mil Euros por el sitio mientras que ambos hermanos apenas alcanzaban los 900 mil. Así es como convence uno por uno de banqueta callejera al migrante Siohue, luego a la madre con su hija pakistaní y así por el estilo muchos necesitados sin siquiera percibir ya lo incorrecto que su proceder y actos hacía varios pueblos que se habpia pasado de laraya de lo moral y la corrección moral; soborna a la menor de edad Nisrin para que fuese su traductora en cada contrato de 2 mil Euros que aceptaba para los arrendamientos de los pisos vacíos del edificio.La esposa Marta, fiel y leal al proyecto agrega su grano de arena proponiendo a la interesada pero flamante ejecutiva CEO de la firma inmobiliaria para debilitar o retrasar el desalojo y ganar tiempo. Todo fue inútil. En el edificio pronto hubo conflicto con inquilinos narcotraficantes y entre los otros también hubio rencillas por espacio y modus vivendi, sin mencionar el sabotaje de Cristóbal como esbirro de Eurohome, contratandp a un patán que primero introduce ratas en el edificio para que lo abandonen y en el vibrante episodio 5, al allanar de plano el restaurante golpean violentamente a Lluís.El retrato es mortalmente franco pero sobrte todo, realista y bien actuado ya que la propia Marta, después de ser ninguneada por el chico Sinhue migrante quien se rehusó a aceptar que la conoce, Marta le pide que se vaya de la casa a Álex, apenas unas horas habías transcurrido del encontronazo entre Lluís y su mujer contra los dos hijos cuando se enteraron de las medidas ilegales e infamantes que Álex hacía tiempo realizaba subrepticiamente en el edificio a sus espaldas.La serie no sólo denuncia la especulación y la gentrificación, sino que muestra la impotencia jurídica de los pequeños negocios frente a un entramado legal y administrativo pensado para proteger la inversión, no la continuidad de la vida comunitaria. Entonces el espectador entiende que no se deja nada sin atar en este drama,ni el choque generacional entre un Lluís que se rehusó siempre a poner una carta en otro idioma quew no fuese el catalán, ni tampoco el choque entre la ambición comercial contra los negocios chiquitos o familiares, sin importar quetengan un siglo en el sitio y sean parte de su historia.

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