Son padre e hijo, tan desconocidos mutuamente que apenas pueden intentar ser oficialmente familia. Dick es como un hipster incapaz de un paso sin hacer metacognición hasta del simple café de la mañana. Gerrie, -con esfuerzo, paternalmente tolerante- no sabe distinguir sus emociones de sus reacciones. La composición de Verbeek me recueda esas vidas del mundo real, como estos personajes, a los solitarios que nunuca se sabe qué guardan en las entrañas porque el lujo de la inescrupulosidad que destilan, y el misterio del ser humano con sus capas de ser -envuelto en tantos rostros desconocidos que no esconden- solo puede experimentarse en una trama -aparentemente sin tensión- como esta, y no explicarse. Pero es que hay poco qué explicar de los sentimientos humanos, si le discriminamos fuera las explicaciones utilitarias de las rutinas que ejecutan las personas cotidianamente. Las rutinas de vida no se explican, porque hay que ejecutarlas y listo. Los afectos internos no se explican, porque hay que realizar antes las rutinas diarias.

Gerrie ahora vive con su segunda mujer Rose, en Portugal, y se mudará permanentemente allá. Dick no tiene paciencia para un padre que no le tiene paciencia a sus modos de vida. Por ejemplo, Dick llega al domicilio de la hermana cargando una silla que os jura que vale 200. La tomó de la basura. Ha llegado por unos días Gerrie a visitar a la hija con su esposo e hijas, y de pronto Dick cargando una silla anula -como suele ocurrir en algunas familias reales en Navidad, digamos, en un filme de Woody ALlen, que los Molendijk no se han visto en mucho tiempo, pero el primer manojo de diálogos -incluyendo los de las miradas, los no implícitos- gira en torno a la silla. Cuando la hija de Gerrie les ofrece de cenar pescado frito, me he reído viendo a Dick separando la comida como si tuviera veneno, con el pretexto de las espinas,m por recordarme a mi hermano y a mi hija, que no es cierto que no les guste el pescado. Es más sencillo que eso.

En fin que en esta película no hay balazos ni sexo ni venta de drogas o personas con dudas sexuales de identidad de género ni abogados jugando a litigar por buena fe algo que hacen por vanidad y ego profesional, así que solo será interesante este filme para aquellos que, como el que este texto escribe, se hayan preguntado más de una vez lo mismo que de forma implícita se pregungtan Gerrie o Dick. Lo que sí hay es un padre que no sabe cómo regañar a su hijo por ir a un supermercado de conveniencia y cargar -metido en el pantalón- una bayoneta antigua del abuelo, la cual Dick separó en el garage de Gerrie un rato antes mientras discriminaba las cosas que se llevaría a Portugal. No sabe. Por la misma razón que no sabe despedirse de su hijo ni darle un abrazo en el tren de partida y, fijaos en su rostro va y viene su mirada nerviosa y trémula que es como una réplica gestual de la proxémica enetera de los personajes toda la historia, y así le dice a su hijo que, quizá sería mejor que alcance a su chica que ha ido por unos cafés, la enfermera con la que vive Dick después de conocerla en un supermercado gracias a una botella de vino.Pero Dick tampoco sabe cómo enojarse con su padre por mudarse a otro país. Se evidencia cuando ambos, padre e hijo resultan anonadados tras llevar flores a su madre y el nicho ha sido retirado por falta de contacto de los familiares. Gerrie acude a su antiguo lugar de trabajop para saludar a su amigo Hans y ha fallecido de embolia. Dick lo acompaña a dar el pésame a la esposa y junto a ella, la viuda se sienta el nuevomarido o pareja de la mujer.Me gustó la escena en que Dick y su chica enfermera liberan las palomas del tío, y la escena en que piden permiso a los antiguos propietarios de la antigua casa del abuelo, los recuerdos en las paredes del desván. No estoy seguro que Gerrie vaya a volver a Holanda al partir. No es alegre, es real la historia y estoy seguro que la veré nuevamente un día de estos. Los humanos, algunos, somos masoquistas, ¿a quién más le recordará Verbeeka Chuck Mangione?


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