Soy enemigo de hacer comparaciones entre un cineasta y otro como hacen algunos colegas en sus reseñas pero aquí deambulamos en las arenas movedizas porosas del Lynch de Eraserhead que vendría un lustro después. ¿Dormir en cuartos separados puede provocar esta atmósfera metafísica? Con este extraño matrimonio pasamos del terreno de los sueños, donde Beno Benesen no pudo morir, quizá por usar en lo alto de una piscina de clavados unas alas confeccionadas por él mismo, -como Leonardo da Vinci hace 500 años, mientras la gente en el fondo de la vacía fosa acuática murmura con morbo- y despertar por el fracaso (del vuelo o como dicen los Flying dogs “un descarrilamiento del anhelo humano por alcanzar las alturas”) y con la caída libre mientras su mucama arroja alimento para unas aves *normales, quizás demasiado normales para el mundo extraño que parecen poblar los personajes ya despiertos donde una silla va colgada del umbral de la ventana, casi se desploma, ya,ya,.. se ha caído, y la doméstica se asoma para constatar la pila d enseres del hogar, incluso una jaula de cotorro, regados en el yard, como si la casa los hubiera expelido o, como supondrá en silencio Beno, que se han desplomado de alguien encaramado en el árbol del jardín.
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Y no está senil Beno, ya que una pandilla de extraños jóvenes -luego sabremos que se llaman Flying dogs- se “hospeda” en la cima de dicho árbol y según lee Charlotte, la esposa de Beno, usan los baños del Ayuntamiento. La mujer le lee del periódico mientras Beno, sentado a la mesa, está intranquilo por la silla que en forma de un tipo de risueño poltergeist menea y menea, ora acerca a la mesa, ora aleja al estupefacto marido mientras ebulle vapor de uno de sus tazones en la sobremesa. El resumen de noticias que su mujer le informa, de viva voz, es lamentablemente el grotesco panorama mundial y síntoma ya experimentamos actualmente, pero que desde aquel entonces iniciando los 70 se veía venir para esta segunda década del siglo XXI, por ejemplo el joven que quemó a su abuela por insultarlo o manifestaciones frente a las torres contra migrantes y para acosar turistas “cerdos turistas, bastardos fascistas”, destrozos en el Hotel Hot Dog…en fin.

Los flying dogs del árbol en la propiedad de Beno afirman que la raza humana proviene de simios voladores, y que se ha demostrado que debajo de los brazos hay humanos con piel de mosca (hace una pausa Charlotte y se palpa las axilas). Los Flying dogs invasores quienes mencionan la catástrofe de los sueños al volar, son quienes invitan según lee Charlotte, a vivir en las montañas o en los árboles altos”. En el diario aparece la foto del “inventor de la metafísica hidráulica” y promete una conferencia sobre levitación constructiva, lo que sea que eso signifique. EL gurú reaccionario afirma mientras fuma y fuma yerba junto a los demás en lo alto del árbol “cuando fumamos, la única mejora reside en retener el aire”, “pensemos en aprender de nuestros hermanos los pájaros…”, “sin respiración no hay flotación” dice en tono grave mientras masajea el pecho de una de sus acompañantes en otra rama del mismo sitio, y así por el estilo. En efecto, la confusión del sentido de la trama puede variar sin que ni quiera haya salvo un cambio de perspectiva en las tomas fotográficas, como el primer acercamiento al “inventor de la metafísica hidráulica” cuando parece descender de un avión, y solo baja de una especie de trampolín o escalinata en el prado por donde ladran los perros a la distancia. Uno de los “huéspedes” u Okupa del árbol se desploma accidentalmente del árbol y el encargado del servicio de basura pública simplemente lo barre y recoge como chatarra al cuerpo joven, como si la rutina del Estado embruteciera a tal grado o bien para no notar la diferencia, o bien para no importarle un comino al obrero a quien Beno le increpa. Pero además, esta parodia del absurdo inherente en esta ocasión a la retórica de las drogas como si fueran un acto libertario, es en sí el subtexto de los invasores del árbol del aburrido Beno; las drogas y la hueca cultura hippie comienza a ridiculizarse desde el epíteto (inventor de metafísica), irrisorio además de pretencioso con el que se anuncia en los diarios Benny Mahagandy, el arquetípico de la pose contracultural que, como ya dije, en el terreno de Lynch surrealista pero a caballo más bien entre el hash y los psicotrópicos (sin que en el filme sea explícito su consumo, eso sí) preconiza la utópica libertad de mente y acciones para ser contrapuesta con el burocrático y casi automático y reprimido Beno, quien no para de quejarse ante su mujer de lo mal que hace su limpieza Jensen y la desaparición de su cerveza de malta. Por otro lado, que Mahagandi afirme haber “desaparecido volando con una píldora” funciona como sátira exagerada de la cultura de las drogas de la época (hash, pastillas, el “volar” del colocón, la idea de trascendencia o huida química en la misma lógica a simple vista absurda pero, vista más detenidamente inquietante por el grado de influencia que su trivialización alcanzó en el lisérgico ambiente de inicios de los años 70. La frívola historia continuará y no se espere el espectador sentido o explicación, ni menos solución a Beno y esto es lo más alarmante de hecho, que las autoridades en la lógica o el imaginario social parecen reflejar solo un pretexto del status quo para fingir que se ocupan de atender demandas y quejas pero no sea ni pertinente ni necesario resolver ninguna. Charlotte está harta de escuchar las denuncias de su marido, se acerca al televisor de transistores y escuchamos el inicio del movimiento de la sinfonía 9 de Beethoven que contrasta con esa imagen o foto apoteósica del árbol a la distancia y desde el cual los aullidos de los Flying dogs bullen como lamentos de animales adoloridos al crepúsculo. Sin embargo, una de las escenas más alucinantes del filme es justamente esa noche en que los Flying dogs amenizan la serena noche los unos con máscaras y en bicicleta desnudos dando tumbos circulares entre sus colegas pasando de una slide a otra del proyector de diapositivas, unas mujeres desnudas corriendo y por otro lado las mismas bicicletas al son de los coros de la sinfonía 9, mientras en fila india desnudos se entrelazan en los contrastes escurridos de la azabache noche. Pero definitivamente el momento crucial será a la luz del día, uno de los hippies se aproxima a la reja o cerca de entrada de la casa de Beno y como en un episodio de Twilight Zone lo observa desde fuera. Luego el hippie se burla “menuda casa de chimpancé con piscina y luz solar natural te han edificado”. Para ellos, los Flying dogs, la libertad de hacer y amar y estar a la intemperie en el bosque es algon natural aunque eso implique estar en el yard de un burócrata. “¿qué hace un chimpancé tan viejo todo este tiempo? En una granja de monos tan grande.”

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