Virágvasárnap/Palm Sunday (1969) dir, Imre Gyöngyössy ★★★★½

Review by Fernando Figueroa

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Quemar las armas -a punto quemar también los hogares- de aquellos que defienden una creencia diferente -como sucede en esta balada de intolerancia en plena postrimería de la Primera Gran guerra- no es nada nuevo para los destacamentos Pál Prónay ni para los estamentos de la Iglesia católica canónica contrarrevolucionaria justo al caer la República Soviética Húngara en 1919. EL lienzo de Gyöngyössy es soberbio con una cinematografía trepidante desde que escuchamos en los interrogatorios que posiblemente el líder de los facinerosos se trate de “un mismo hombre con dos formas”. DOs hermanos. El choque histórico no es para menos, uno predica por las “puertas abiertas” el sacerdote Simón, mientras que el otro radical, el maestro Urénuzs no vacilará para fundar la República de los Consejos. No puede haber mejor contraste del blanco y negro alternando penumbras en planos abiertos, con el contraste de una turbamulta convulsa y enardecida exigiendo tierra y vivienda, y enmedio de la revuelta, los mineros de Erdös, los aldeanos de Ivansica y de Igal contra los gendarmes -csendőrök- y los enviados por la Iglesia.

Cuando el obispo manda llamar a Simón, rodeado de niños y llegar a los aposentos del ministro religioso, Simón finalmente propone que la Iglesia conserve 10 acres y ellos, los pacifistas, trabajar en 20. La rrspuesta no es menos hostil del obispo quie tacha a Simón de paranoico por pedirle que robe a nombre de las Escrituras. Cuando la adusta madre de ambos les sirve la comida en la escena en que por fin están ambos cerca, el Maestro no soporta la calma y confianza del Sacerdote y casi se le va a golpes. Las habladurías de Simón le precedían, dizque había curado, sanado y de hecho había un hombre llamado Garai a quien Simón revivió después de ahogado. Pero igual que Urénuzs morirán con sus convicciones. Simón rezaba en su interior reconociendo que sin amor, solo se trataba de un cuarzo viviente. Tal vez por eso perdonó de antemano a los que dispararon en la procesión al aire libre matando a su fiel sombra y seguidor de siempre, un rifle asomó y fue su fin. No me decido si es cómico o más bien triste ver a un sacerdote como Simón, tan ciego para no mirar que su rebaño de proselitistas fue menos devoto a sus parábolas del amor y la paz que a buscar cómo conseguir pan y comer, por ello no dudaron en dejarlo solo peor que Cristo en el desierto bíblico cuando su hermano, el maestro Urénusz convence a los feligreses de Simón para enlistarse a defender su terruño y tierra y país ante la intervención de la Entente. Pero la inopia de Urénusz no es menos desdichada y narcisista clamando por justicia social y leyendo el Manifiesto Comunista de Marx a la camarilla de sus seguidores, un grupúsculo hambriento y analfabeta a los que su cerrazón le impide notar que jamás podrían leer un libro constantemente como les aconseja. En fin que ninguno de los dos reclamará la V de la victoria porque son arrestado por los franceses inherentes a la Entente. La secuencia final es desconsoladora pero sobre todo única por su atmósfera tétrica y de devastación. En la historia o leyenda real existió un tal Simon József en quien se basa el Simón del filme, quien murió cuando un terrateniente llamó a los gendarmes o destacamento de Prónay y arrasaron con el sacerdote y demás.

EL final es terrible, ver a una madre muda atendiendo a sus dos hijos colgados desnudos en los árboles fue el corolario que se inició con el oficial francés de la Entente a quien apeló Simón para que detuviera los desmanes. Pobre iluso, el mismo oficial replicó extrañado que existiera alguien tan ingenuo como para no entender que él, una autoridad internacional francesa no tenía la menor intención de hacer que resistiera una célula de chiflados que no entiende las premisas de la guerra, la dominación y conquista mundiales, ´por lo que lejos de detener a los különítményesek, permitió que se solidificara el Ejército Nacional de Horthy y en esa escena del campo incluso desvistió antes de seguir con la tortura y muerte de las mujeres y demás jóvenes, mientras tanto, el coro cantado de una tonalidad eclesiástica solo agrega sal a la herida histórica representada en el desenlace del filme.

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