Cuando la pieza “El Choclo”, en el soundtrack fascinante de este joya la presentó la orquesta de José Luis Roncallo en el restaurante de la calle Cangallo en 1903, el autor tuvo la precaución de no llamarle “tango” que era música maldita o del arrabal sino Danza Criolla, ni tampoco que la composición musical registrada por Ángel Villoldo proviniese seguramente del violinista afroagertino Casimiro Alcorta. Por eso, aunque se trate de una elegíaca historia de amor Yakov- Sonya-Dmitriy que recuerda los malentendidos sentimentales de Leonid Andreyev o Dostoievski, la partitura empleada con inteligencia hace eco halagüeño al torrente de desamor, celos y pasión no correspondida de los personajes. ¿Pero dije no correspondida?El personaje principal el cínico y fatuo abogado Yakov Mikhailuk es infiel y desleal con las damas -con Sonya, con la madre soltera Klavdiya Petrivna, y con Bila Shapochkaa (Caperucita)- a las que mira como juguetes de sus pasiones efímeras, y tramposo y ruin con los caballeros, como con el intelectual débil Panas Kryvulya, o como Dmytro Sosnytsky, el esposo de Sonya al que orilla al juego, las apuestas y la bebida, de allí la escena en que éste le grita “eres Mefistófeles, el Mefistófeles chato” al enterarse por la propia Sonya que Yakov fue amante de ellaantes que el propio Dmitry.
Un breve trailer…. https://www.facebook.com/reel/28682478171389423
La aventura pasajera que más le hará daño será la de aquella mare soltera que forcejeaba en pleno Kyev con su hijo Kostya, el niño renuente se le escapa corriendo y en las prisas el cochero en que circulaba Yakov estuvo a punto de atropellar al infante de no ser por la intervención de Mefisto y así, al calor del tango, mientras le habla del imbécil marido, comienzan ambos un romance espinoso porque el nihilista abogado, de por sí continúa frecuentando a Sonya aunque su amigo de partido Dmitry se encuentre en la ruina por el juego gracias a él.

Cuando Sonya le anuncia que está embarazada, hay un giro que parece caer como cubeta de agua helada y parece que obligará a madurar al desvergonzado Yakov, o sea Mefisto, pero Yakov más bien es arrastrado por su vacío sentimental y le pide a Sonya que aborte. No lo hará la preciosa mujer y la niña llamada Mika. Paradójicamente, el donjuanismo indolente de Yakov parece tocar fondo cuando se enamora de Bila en la escena en que la sigue de cerca y promete que no se moverá de su casa -y lo cumple- hasta que no tenga su mano y atención, pero la lluvia después de una noche rompe el corazón de la dama quien sale de casa y transige. Con Bila, y dije paradójicamente, intentará sentar cabeza y olvidar su actitud vil y fría pero oh, es demasiado tarde, su hija Mika con Sonya no será un dolor de cabeza que le abandone sino todo lo contrario. Al punto de intentar matar al bebé o al menos hacer que se resfriara en pleno invierno ucraniano. Desafortunadamente para el Mefisto, el bebé apenas si tose y se resfría un poquito y cuando había planeado seguir los designios del destino y casarse con Caperucita, su regresa a cobrar la factura. Por fin, ni con una ni con otra, el desenlace es triste aunque natural para alguien como este abogado que nunca tuvo amistades, sino oportunidades, y jamás encontró el amor sino caprichos.

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