The Texas Chain Saw Massacre (1974) dir, Tobe Hooper ★★★★★

Review by Fernando Figueroa

in

Watched 1981 (Betamax), REWATCHED 2026 (Blu-Ray).- Apenas podría comprenderse en esta era digital en que se puede ingresar a una porno on line, que en aquel entonces Tobe Hooper desproveyera adrede secuencias con miembros cercenados y sangre a borbotones en un afán -fallido como se sabría enseguida pues varias escenas se prohibieron y cortaron de todos modo- de enlatar en clasificación PG esta maravilla pionera del horror. Es cierto, la atmósfera está infectada -más que de splatter obvio- de un depravado regusto a pestilente rastro que, bien pronto, se vuelve irrespirable, ya sea por la espontanea demencia de los personajes, como el autoestopista que se mutila frente Franklin y sus amigos, por la discusión de la foto borrosa, o bien el inmejorable desteñido de la cinta, granulado y luciendo viejo desde sus orígenes a lo que se agregan montajes ajetreados y paneos trémulos que primero incomodan, luego de plano van a poner los pelos de punta a quien sea. Prácticamente de inicio a fin la neurosis del espectador irá in crescendo hasta llegar al culmen de lo espeluznante. Se palpa a pulso la profanidad y el horror inconsciente que se ha añejado medio siglo en este slasher de culto, desde que no hay preámbulo explicativo como advertencia de maldiciones, ni nada salvo los encabezados del telediario o la radio que escuchamos; tampoco hay espacio para ponderar síntomas ni cuadro psicopatológico alguno para encasillar a Leatherface que solo gime curiosamente muy parecido a algún animal, como el cerdo, que podríamos encontrar en un rastro.

Cuando Leatherface ataca desprevenido a Kirk en un santiamén, es la máxima economía grotesca al romperle la cabeza en segundo que vuelven acerrarse con eficiencia con la puerta, pero unos minutos después, el enorme carnicero cargando a Pam que patalea en vano y es colgada en el garfio o gancho de las reses, esto rebasa una simple secuencia perturbadora y deja en la intemperie el destino que cualquiera podría tener en los enormes territorios americanos habitados por sabe Dios quién.

Leatherface https://aqueronte72.com/wp-content/uploads/2026/04/grok-video-c3a26d03-d928-4a22-8da3-d18fe9363e5d.mp4

De todas maneras, insisto en que como en una historia contada en un manga o un juego de chiflados, nada prepara al espectador para apenas y casi al final, captar el meollo de todo -la reverencia infame, no menos que execrable y ultra ridícula al abuelo patriarca, autor según dicen ellos de miles de cortes y sacrificios en sus buenos tiempos- cuando van a por lo que resta de él, momia o esqueleto viejo, en su silla de adefesio y a quien primero le dan de beber la sangre del dedo y luego, reunidos todos en torno a dicho cadáver vivo, en deferencia al decrépito como una clásica familia -ligeramente disfuncional- en honor al tipo le ponen el mazo en la mano “hit that bitch” y apenas puede coger en la diestra el arma en tanto grita llena de rabia y alarma Sally hincada en una tina que supondría contener toda la sangre al descuartizarla. La estampa por sí sola es inaudita: el plato con longaniza o salchicha y pedazos de carne en la mesa de madera. Los ejecutores de un ritual más allá de lo sádico de un lado, del otro la bella Sally aterida de dolor miedo y terror pero sometida. No dejaré de mencionar el juego siniestro de cinematografía entre gestos y close up a los ojos con los nervios inyectados de sangre de la chica mientras veía sus últimos segundos con vida, y sucede ese milagro de escapar entre el griterío y las risas del orate autoestopista.

Fijaos la toma amplia, casi ojo de pescado cuando ella corre despavorida esos 100 o 200 metros fuera de la casa y es seguida de cerca atrás en el mismo cuadro fotográfico el chiflado autoestopista. Y ¿puedo dejar de encontrar belleza absurda en ese chotis español en el aire que remeda Leatherface con la motosierra, herido después de que el arma ha resbalado con la pedrada del conductor que huye? ¿No hay un anticipo soberbio aquí al baile del Joker de medio siglo después? Tan solo imaginar que sí existió un tal Ed Gein, quien hizo sus máscaras de piel humana y su casa estaba llena de restos cadáveres, este baile no es menos depravado y único que cualquier experiencia de poltergeist.

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