La atmósfera quasi silenciosa de la servidumbre, la escandalosa conciencia-recatada de Yuki y el vaporoso anhelo de Kikunaka por revivir los recuerdos -como el de otoño floral en Monte Takao- merecía, sin duda, una ejemplar puesta en escena como esta por el tortuoso juego emocional de sentimientos profundos y contradictorios -aunque no obvios- a raíz de la muerte de Lord Shinano y la concomitante bancarrota con la casa, confiscada, subastada y el traslado a Shinanojiri Village. “El amor no es más que una máscara sobre otra máscara”, dice la criada narradora Hamako cuando el mendaz y abusivo Naoyuki no solo sabotea la precaria fortuna que le resta a la familia, además humilla a Madame Yuki como ya sabemos ante la servidumbre -razón por la que Hamako cambia su perspectiva hacia ella.
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En esta versión -muy bien lograda porque permite el misterio femenino, es decir, lo que en la historia original muestra la contradicción de Yuki que detesta al marido parásito pero no puede evitar ser de él sexualmente a voluntad de su organismo, encontramos el papel del escritor kikunaka como una alternativa más por la que pudo optar la aristócrata y así dejar a su marido, pero no lo hizo. Kikunaka se instala en el hospedaje de Atami e incluso juega a los dados contra el despiadado Naoyuki apostando por la Madame en una escena extraña pero dolorosa de navidad, cuando el canalla marido ha llevado al hotel a la amante Ayako quien no conforme con no ser la esposa legítima, -por el pretexto de haber sido hospedados en la habitación Sarumino, le pide a Naoyuki la administración del hotel que regentea Yuki y posteriormente quiere más, quiere ser la mujer legítima y se divorcie de Yuki. Mientras tanto la mujer de Kikunaka ha enfermado y parte hacia la ciudad pero no la alcanza con vida y regresa, a continuar insistiendo a Yuki que sea suya, sin lograrlo salvo aquel beso de Takao.

Son dignas de mención las escenas en que Kikunaka le recita el poema de Muro Saisei respecto al hielo cuando escuchan ambos el estruendoso y peculiar sonido del hielo rompiéndose fuera en una notoriedad natural que da vida a un pasaje imborrable. Sucede lo esperable, Ayako engaña y se burla al parecer de kikunaka así que el marido le pide a Yuki lo acompañe para ir a cobrar venganza contra los pillos pero el jovencito Seitaro, quien ya muerto de celos había intentado matar al marido una noche a dormir, logra convencer a la Madame y en un accidentado periplo por la nieve parten y se hospedan por la noche en que Seitaro promete darle masaje y protegerla pero sin poder ocultar sus intenciones eróticas hacia ella y de allí la escena de la daga en que forcejean ambos. Por supuesto, es una historia triste para una mujer con tanta capacidad de amar y que como su nombre, apenas se derritió como la nieve, Muy a pesar de que Kikunaka y también Seitaro coincidieron en llamarla mujer de nieve o hielo por su frialdad descomunal.

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