Hajduk/ The Outlaw (1980) dir, Aleksandar Petković ★★★★

Review by Fernando Figueroa

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Siempre hay tiempo para reescribir o borrar la heroicidad, como si hubiese sido obsequiada por lo azar menos que por el triunfo real de los condecorados Topolic e Iván Kondic, amigos entrañables. De por sí la canción agorera que se escurre de soundtrack como bebida espirituosa para Ivan, solo le adelanta -como los graciosos -pero no tanto- corridos mexicanos en su socarrón reporte vox populi- la embriaguez fatídica que le aguarda en su destino. La primera “batalla” en que Iván como civil es noqueado -casi hasta la afasia- fue no reencontrarse con su familia, muerta ante un Estado incapaz de salvaguardarla mientras luchaba en el frente; la segunda casi lo matará, después de propinarle un cabezazo al rico y corrupto empresario Gazda Urošević, tras reclamarle por el sueldo de dos días. La suerte de Topolic no es menos humillante, no solo porque no logró acomodarse en una posición militar importante sino además fue contratado como simple capitán de gendarmería bajo las órdenes del corrupto Načelnik o alcalde del sitio, gran amigo de barajas y francachela de Urosevic. Por eso, cuando el oficial de apoyo a Topolic le lleva la insignia medalla de batalla del detenido, y enseguida manda llamar al infractor, se reencuentran ambos amigos y le promete en vano interceder por él ante el Načelnik. Ni siquiera lo dejó hablar, el Načelnik le cuestionó “¿quién le ordenó que hiciera esta investigación?”, refiriéndose al grueso dossier de denuncias y pruebas de atropellos y estafas a los trabajadores y campesinos perpetrada por Urosevic. Luego agregó “no, mi capitán; no se vive como uno quiere, pero como uno debe”.

mi pequeño trailer https://www.youtube.com/watch?v=fVDBdxPvWcw

Por si no queda claro el mensaje, en la guerra con todas sus atrocidades había unidad de mando y dignidades pero fuera de ello en la sociedad, el Estado lejos de ofrecerles un empleo por luchar al frente, tiene listo un caldo de cultivo de vicios, chapucerías y improbidades por doquier. Urosevic no se quedó así y valiéndose de sus influencias le veremos dando una paliza a Iván mientras le sostienen dos guardias. Logra escapar, saltando de su alta celda y allí comienza su lucha de bandido, pero atención, no será un salteador como los tipificados por Eric Hobswan, contra las injusticias tipo bandolero como Pancho villa; no, sino más bien como aquel delincuente histórico recuperado por von Kleist, Michael Kohlhaas quien blandió el apotegma “Fiat iustitia et pereat mundus”. Se supone que este ex héroe condecorado y ahora hajduk le robó al obeso burgués mil dinares, 10 ducados de oro, sellos de Walter y un cañón. Pero tras escapar de la prisión, hinchado aun por la paliza que le dio el explotador Urosevich mientras lo sujetaban dos hombres, lo único que le pidió al tipo fue el salario que le debía de cuando iniciaron el altercado que culmina en el cabezazo.

Ahora los persiguen por los alrededores y se refugia en una masada que está habitada por la guapísima Jelena, una mujer al parecer viuda o abandonada por marido quien de inmediato le asegura que los oficiales ya se han ido, y después de ocultarlo se lo lleva a la cama. Iván mata a uno, lo desarma, luego le enciende en fuego a otro de forma desalmada y más tarde, no sin seguir topándose con el violinista cantante de sus andanzas, que pone la nota de soundtrack diegética, Iván asalta un cochero o berlina y mata al auriga que intentó lanzarle un hacha. Se ha vuelto sanguinario y se evidencia poco qué piensa. Jelena dice que irá al pueblo porque al siguiente día es fiesta de Nicolás. Los corridos o música del violinista ya cantan al pueblo Donje Bare que traicionará al hajduk justo cuando el alcalde ha solicitado a Topolic que se encargue personalmente de su amigo. Y así lo hará, le rodean mientras se rasuraba Iván, a pu to ya de partir porque las nevadas llegarán pronto, dijo a Jelena, y no podré moverme sin que me sigan. Los perros ladran, ningún oficial se moverá sin que lo ordene Topolic. En un claro Iván apunta para disparar a Topolic pero a trote veloz se aproxima y sus disparos no yerran. Muerto Iván, el capitán Topolic revida el rifle: no tiene balas. ¿Ahora a qué se dedicará el violinista, sin bandido para su repertoire?

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