Ósmy dzień tygodnia/THE EIGHTH DAY OF THE WEEK (1958) by Marek Hłasko

Review by Fernando Figueroa

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No en vano se le llamaba el James Dean polaco. Durante sus 35 años de vida, Marek Hłasko fue el enfant terrible que militó como socialista para de inmediato vilipendiar el sistema político que estaba presto a encumbrarlo con tal del beneficio de sus letras. Sin embargo, Hłasko guardó una férrea distancia, sino congruencia entre sus actos, sus escritos y su vida misma. Una genuina combinación de imagen pública, biografía conflictiva y el tipo de juventud que retrataba y encarnaba parecía una promesa, pero igual que sus personajes como en The Eighth Day of the Week, terminaban absorbidos por un microclima de corrupción y un plan de gobierno desordenado y estéril, especialmente para los jóvenes quienes, finalmente, caían en disipación, la violencia, las adicciones o una mezcla de todas. La novela retrata precisamente esto. Es inobjetable reflejo de una generación perdida. Podría decirse que gira en torno a Agnieszka y Pietrek, dos jóvenes polacos cuyo amor choca contra la miseria de la posguerra. Pero sería llevarla a la simplificación miope y oportunista que hizo el cineasta Aleksander Ford en su malísima adaptación que es lógico no agradara ni al Estado comunista -que la retiró por décadas- ni al autor mismo, ni siquiera por haber intentado contribuir a salvar el guión de su propia obra mal enfocada por Ford. ¿Qué sucedería si Noam Chomsky escribiera una novela de la decadencia estadunidense donde compendiara sus ensayos, pero la película la dirigiera el productor y director estrella de Netflix o Disney? Allí tenéis. Eso es la obra de Ford. Excelente emulsión y fotografía, lo que sea de cada quien, pero sin el legítimo mensaje ¿para qué os sirve? No, no se trata de un romance frustrado en una Varsovia semi derruida por la guerra. La obra original se ubica en 1956, más de una década de finalizada la Segunda Guerra mundial, esos edificios en ruinas en los que se enfocó el director -dan la impresión de que la paz hubiese comenzado ayer pero apenas tienen importancia en la obra de Hłasko porque los inmuebles desconchados del filme promueven los sentimientos de empatía del espectador por una ciudad bombardeada y no, como lo enfocó su autor, por una Varsovia en plena crisis de vivienda por un régimen negligente que instrumentalizó deliberadamente la crisis habitacional como mecanismo de control social. Es cierto que más de 60 por ciento de la ciudad quedó en pedazos por los bombardeos, pero también es cierto y hay registro del modo en que el acceso a vivienda se convirtió en recompensa por lealtad política y herramienta de disciplina laboral. En la novela (por cierto hice mis apuntes de la traducción al inglés del polaco por Norbert Guterman) se refleja este problema a través de personajes como Zawadzki, que lleva “desde 1945” viviendo hacinado y “esperando un apartamento propio”.

Afortunadamente, en uno de los poquísimos diálogos del padre de Agniezka que Ford no amputó de la obra original, el viejo le dice en el filme a la estudiante de filosofía, o sea a su hija, “¿Crees que no me despedirán todavía?” y después de hacer sus ejercicios en el pisito, “Agnieszka, ¿parezco tener mis cincuenta y cinco años?”. Estas preguntas revelan su inseguridad dentro del sistema que supuestamente garantiza seguridad laboral y social. Tampoco se evidencia en el filme de Ford que dicho padre de Agnieszka es descrito como “ruined, what is called ruined, by the war, by discomfort, by poor food: his muscular body strong as an animal’s contrasted with his aged face”. Una vez más, la novela de Hłask es una denuncia al sistema socialista, no una¿ melodrama de novios insatisfechos. Los personajes, todos, viven en un páramo espiritual post-bélico incapaces de encontrar significado o plenitud. Los jóvenes buscan desesperadamente intimidad imposible, mientras los mayores están física y emocionalmente destrozados por la guerra.El padre de Agniezka trabaja como inspector en una cooperativa sindical, un puesto típico de la burocracia comunista. Su caracterización en la novela es devastadora: es descrito como “corto, calvo, mayor de lo que sus años indicaban; tenía una complexión enfermiza y ojos desvaídos”. Su única satisfacción vital ocurre “cuando lograba descubrir alguna mala práctica”, sugiriendo que encuentra significado solo en la detección de la corrupción dentro del propio sistema. ¿Es claro el paralelismo de la enfermedad del régimen en el padre? ¿no lo es? Veamos el mismo caso con el hijo, o sea Grzegorz, quien tuvo un rol activo y significativo en el Partido Comunista durante su época estudiantil. A simple vista por el filme de Ford parece solo un chiquillo que no supera un desamor, la chica no ha vuelto, ni vendrá. Pero en el fondo solo es algo que corona como cereza al pastel de su fracaso.

Él mismo confiesa con amargura: Yo era secretario de mi escuela. Expulsaba a alumnos solo porque tenían una tía en Pernambuco o porque su bisabuelo había sido informante de los zares. Lo intenté con todas mis fuerzas, créeme». Su confesión es devastadora cuando reflexiona sobre su culpabilidad: Grzegorz fue secretario escolar del Partido y expulsó estudiantes por razones ideológicas arbitrarias, lo que ahora lo atormenta moralmente.«No tenía poder. Solo tenía fanatismo. Dentro de mi ámbito de acción, era un sinvergüenza. Hice lo mejor que pude. Eso también significa algo, ¿sabes? Te lo juro, es más fácil purgarse de grandes errores que de pequeñas villanías». Cuando Agnieszka intenta consolarlo mencionando “la idea sabia y justa” del comunismo, Grzegorz responde cínicamente: «Es cierto. Pero el punto débil de toda idea sensata es que la gente estúpida intenta llevarla a cabo». Su desencanto es total, cuestionando: «Los miembros del partido fueron rehabilitados después de morir, ¿quién me rehabilitará mientras estoy vivo?». ¿Por qué no incluyó esto FOrd? y todos lods demás anatemas contra el socialismo? Y da risa que como director de Film Polski (1945-1948), donde controlaba todos los aspectos de la producción cinematográfica, desde guiones hasta distribución, y estableció mecanismos internos de censura ideológica. Concretamente, denunció a colegas ante la policía soviética NKVD y supervisó la aprobación de películas alineadas con la línea comunista, de todas formas Ford, el censor del estado polaco socialista haya sufrido censura a pesar de haberse autocensurado de antemano. Qué patético. Cercenar las partes imperativas de Grzegorz y de su padre, deja la película de Ford en el puro romance malogrado y en un melodrama mediocre. Y si hice hincapié en algunos (no todos por el espacio)razonamientos del amargado Grzegorz fue para que no se quede la impresión de un simple llorón por una mujer. De hecho, allí radica la genialidad de Marek Hłasko, sus persosnajes siempre eran jóvenes, hablaba y escribía de lo que le importaba. Y no hacía propaganda capitalista, si denunciaba con acritud el socialismo es porque fue un tipo íntegro y honrado con las premisas que prometió el régimen. El razonamiento que ofrecí de ejemplo de la novela debe entenderse como una crítica existencial y moral del comunismo que va más allá de lo político: No es una crítica de derecha: Grzegorz no defiende el capitalismo ni la “reacción”
Es una crítica desde dentro: proviene de alguien que creyó sinceramente y actuó consecuentemente
Cuestiona la validez de separar teoría y práctica: si una idea consistentemente corrompe a quienes la implementan, el defecto está en la idea misma. Expone el costo humano: las vidas destruidas, la conciencia corrompida, la imposibilidad de “lavar las manos”. ¿Y qué es lo que hace su hermana, la estudiante de maestría en filosofía?, decirle que es un cerdo y en la novela decirle “Those are just words. You’re looking for excuses to drink.” Wow, eso muestra que ella evade la profundidad del dilema moral de su hermano, reduciéndolo a excusas para el alcoholismo. Esto mismo es parte de la crítica del autor y es pensamiento crítico puro: el sistema hace imposible la reflexión moral genuina sin ser acusado de buscar “excusas” o de debilidad ideológica por caer en una adicción generada por la promesa incumplida. La objeción no viene de un enemigo externo sino de un creyente destrozado. Hlasko muestra cómo el sistema no solo fracasó políticamente, sino que destruyó moralmente a toda una generación que actuó “de buena fe”.

Resumiendo, “El Octavo Día de la Semana” sigue a Agnieszka y Pietrek, dos jóvenes polacos cuyo amor choca contra la miseria de la posguerra. Buscan un lugar donde estar juntos, pero la falta de vivienda y la pobreza vuelven imposible incluso un instante de intimidad. Agnieszka vive entre un hermano alcohólico -pero más lúcido que ella que estudia filosofía- y padres conflictivos, mientras Pietrek arrastra el estigma de su paso por prisión. Ambos intentan aferrarse a una esperanza mínima en medio de un entorno hostil y sin futuro. La historia culmina en una noche de frustración y desilusión, símbolo de la imposibilidad de encontrar espacio para el amor y la dignidad en un mundo devastado. Agniezka supone esperar la llave, ¿y quién llega? Un periodista que ni conoce y con quien se embirracha y termina en su apartamento. Al otro día le confiesa a Pietrek que pasó la noche con alguien ¿por qupe no acepta que su hermano sin filosofía tuvo la verdad antes que ella respecto a que nunca llegarpa ese octavo día simbpolico e imaginario para redimir a Polonia de su sistema?

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