Moscow to the End of the Line aka Moscow Stations by Venedikt Yerofeyev (1973)

Review by Fernando Figueroa

in

Hace tiempo dejé pendiente este autor maldito de la posguerra soviética. Ni siquiera se molestó en usar pseudónimo para este antihéroe de la anquilosada y feneciente URSS. El autor, Venedikt Yerofeev, es el personaje conocido como Venya, que es el diminutivo cariñoso de Venedikt. Odisea etílica donde las haya, una soberbia denuncia al totalitarismo. No me sorprendería que escribiera divertido como Rabelais y puntilloso filosóficamente como Henry Miller, alguien que tuvo un problema en el servicio militar juvenil, cuando el sargento en turno le pidió a los jóvenes que se pusieran de pie rectos y Yerofeev le respondiera que “esas fueron las palabras de Hermann Goering. Y lo ahorcaron en 1946”. Stephen Mulrine en el prólogo de mi edición en inglés compara a Yerofeev con Charles Bukowski. Perdón pero Bukowski en comparación con Miller es epidérmico, tal como lo discutí alguna vez en mi alma mater en la Facultad de Filosofía de la Universidad Veracruzana. En fin. En resumidas cuentas la noveleta gira entorno a Venedikt, quien borracho en Moscú, confiesa no saber dónde está el Kremlin “Todo el mundo habla del Kremlin, del Kremlin. Todos hablan de él, pero yo nunca lo he visto. Las miles de veces que he estado borracho o con resaca, deambulando por Moscú, de norte a sur, de este a oeste, de un extremo a otro, en línea recta o sin rumbo fijo, nunca he visto el Kremlin.” y, al intentar encontrarlo, Venya acaba en la estación de Kursk. Se hunde en una nueva borrachera mientras recuerda sus tragos y alucinaciones, incluso voces angélicas que le recomiendan vino tinto. En la estación busca jerez sin éxito y es expulsado. Ya en el tren hacia Petushki, comparte alcohol, divaga con otros pasajeros y recuerda su vida, su trabajo fallido y su visión amarga de la sociedad rusa. Piensa en su destino y en su amada de Petushki. En un plano cada vez más delirante, se enfrenta a una esfinge que le plantea acertijos, rememora cócteles y recetas, y finalmente, en un estado febril y onírico, es apuñalado en la garganta y muere. Cuando dije divaga con otros extraños pasajeros me referí por ejemplo a Bigote Negro uien por cierto trae su propia botella de Stolichnaya. Leeremos una variopinta retahíla de aseveraciones, véase: Bigote Negro inicia: “He leído en Bunin que las personas pelirrojas siempre se sonrojan cuando beben”. Luego referencias históricas: “Kuprin y Máximo Gorki casi nunca estaban sobrios”. Sobre Chéjov: Relata las últimas palabras del autor: “«Ich sterbe», dijo, «me estoy muriendo». Luego dijo: «Dame un poco de champán». Y entonces, y solo entonces, murió”. Sobre Schiller: Describe su método de escritura: “Metía los pies en un baño helado, se servía una copa de champán y empezaba a escribir. Para cuando se había bebido la primera copa, ya tenía el primer acto escrito; con cinco copas, tenía una tragedia completa de cinco actos”. Sobre Gogol: “Cada vez que iba a casa de los Panaev, les pedía que le pusieran su copa rosa especial […] Una copa de champán rosa”. Aqu´pi podemos notar pensamiento c.rítico del auto, en serio, nótese cómo esta conversación funciona en múltiples niveles: es simultáneamente cómica (la imagen de Schiller con los pies en agua helada escribiendo tragedias), erudita (demuestra conocimiento literario profundo) y filosófica (plantea la relación entre creatividad, sufrimiento y embriaguez). Pero además hay metamcognición de Venya sobre su Estupidez. Venya se pregunta:”¿Cuándo te diste cuenta por primera vez de que eras un idiota, Venya?.

Respuesta: “Fue cuando escuché dos reproches totalmente opuestos dirigidos a mí al mismo tiempo: que era aburrido y frívolo. Porque si un hombre es inteligente y aburrido, no caerá en la frivolidad. Y si es frívolo e inteligente, no se permitirá ser aburrido. Pero yo, tonto de mí, de alguna manera logré ser ambas cosas”. Ahora bien, por supuesto que los ángeles que escucha son producto de su delirius pero me dentendré en los cinco acertijos de la cosa que se le aparece. Cuando Venya viaja hacia Petushki, se encuentra con una extraña criatura descrita como “una cosa sin piernas, sin cola y sin cabeza” que se identifica como una Esfinge. Esta figura le impide continuar su camino a menos que responda correctamente a cinco acertijos. Los acertijos son deliberadamente absurdos, grotescos y provocadores: 1.- Un problema escatológico–numérico sobre cuántas veces al año orina y defeca el trabajador de choque Alexéi Stajánov, suponiendo que pasa borracho 312 días. 2.- Un pseudoproblema estadístico sobre violaciones, rubias y komsomols tras la llegada de la Séptima Flota estadounidense, para calcular cuántas morenas no pertenecientes al Partido quedaron intactas entre 428 chicas.3.- Un acertijo geométrico imposible sobre los exploradores Papanin y Vodopyanov viajando entre puntos B1, B2 y B3 —en un mundo donde solo existen puntos B— para averiguar si realmente Papanin iba a rescatar a Vodopyanov.4.- Un problema contable absurdo sobre el Lord Chambelán británico resbalando en un bufé y el coste total de la factura, mezclando precios de platos y jarras de jerez derramadas o intactas, y 5.- Un acertijo final sobre Minin y Pozharsky, su borrachera, sus rutas opuestas y el destino al que habrían llegado si no hubieran cambiado de dirección, insinuando que nadie llega nunca a Petushki.

Cada uno de estos acertijos es una joya de pensamiento crítico. Fijaos:
El acertijo de Stajánov critica la propaganda del “trabajador modelo”. La reducción del ser humano a cifras fisiológicas ridículas expone -como lo hizo Miller antes que él, por ello lo mencioné- cómo el sistema soviético deshumaniza y cuantifica la vida, incluso la intimidad corporal, en nombre del “rendimiento”. La lógica numérica del régimen se revela grotesca y vacía.

El acertijo estadístico sobre violaciones y rubias ridiculiza tanto la manipulación estatal de estadísticas como la hipocresía moral del discurso comunista. El horror sexual es transformado en un problema matemático “objetivo”, denunciando la insensibilidad y el cinismo de las instituciones que convierten a las personas en categorías abstractas.

El acertijo de Papanin y Vodopyanov parodia la retórica heroica soviética. Los exploradores, emblemas del sacrificio patriótico, quedan atrapados en un mundo absurdo donde solo existen “puntos B”, señalando la inutilidad, circularidad y falsedad de la épica estatal. La lógica espacial imposible refleja la falsificación de la realidad en la propaganda oficial.

El acertijo del Lord Chambelán y su factura ridiculiza la burocracia contable y el absurdo universal de administrar sistemas que ya no tienen relación con lo real. Aunque situado fuera del mundo soviético, actúa como espejo: una crítica al pensamiento administrativo que reduce todo a números sin sentido, igual que la economía planificada.

El acertijo final sobre Minin y Pozharsky denuncia la manipulación histórica y el mito fundacional. Al convertir a los héroes nacionales en borrachos que caminan en direcciones contradictorias, el texto socava la solemnidad patriótica. El remate —que nadie llega nunca a Petushki— expone el colapso de toda teleología histórica y la imposibilidad de cumplimiento de las promesas del Estado.

me detendré de nuevo en el acertijo escatológico. El sistema soviético convierte incluso la micción del trabajador en un índice cuantificable del rendimiento, deshumanizando al individuo y sometiendo la intimidad corporal a una racionalidad grotesca, se requieren resultados para presumir un Estado y para ello se requieren conejillos medibles. Miller, aquel filósofo que dormía bajo los puentes, utiliza la escatología como arma literaria para destruir la moralidad burguesa y denunciar la hipocresía de un orden que se presenta como civilizado pero que reprime el deseo, la miseria y la corporalidad más básica. Lo que tenemos aquí es, para acabar pronto, o no tanto, en ambos casos, el cuerpo funciona -y aquí voy de nuevo con Marx y el coreano germano parlante Byung-Chul Han quien lo retoma- como una mercancía u medio de producción y no un recursso humano como se suele autoengañar. Una vía de subversión, en efecto, contra un poder que pretende disciplinarlo (aunch, sonó a Foucault), un recordatorio de lo que las ideologías —productivista en el caso soviético, moral-burguesa en Miller— intentan borrar;
un dispositivo de liberación narrativa: lo fisiológico irrumpe para desmontar la solemnidad del discurso oficial. Así como Miller multiplica escenas de sexo, hambre, suciedad y orina para ridiculizar la autocomplacencia cultural de Occidente, el acertijo reduce la grandeza heroica de Stajánov a la fisiología más básica, revelando la falsedad de la propaganda soviética y la degradación real del individuo bajo el dogma productivista. ¿No es una joya este mini opúsculo narrativo?

Leave a comment


Hey!

“Ἐν οἴνῳ ἀλήθεια” (En oinō alētheia), 🚀


Join Pantagruel’s drunkenness

Trinch!, Dive Bouteille dixit.

Stay updated with our latest tips and other news by joining our newsletter.


Categories

Wine…epojé

Whisky o Bourbon?


Tags

Caberbet Franc

Merlot

Syrah

Chardonnay

Nebbiolo

Cuveé

Pinot Noir

Cabernet Sauvignon

Malbec

Zinfandale

Sangiovese

Chianti

Barolo

Primitivo

Riesling

Barbaresco

Bordeaux