Te zambulles en el pasado y, quién puede ignorar los sentimientos encontrados, la niebla del tiempo o de la nostalgia en este rififí con rufianes abusados -léase “inteligentes”- que desmantelan la alarma de la bóveda que planean robar -y para la que han tramado un borlote (un gran follón léase en Castilla) disfrazados de lo que hpy sería SWAT, inventando que hay una bomba para deshacerse del estorbo de la policía y de calle Russell, y fijaos, ya in situ, cancelando los ciclos del generador de energía, y el generador de energía luce como una bomba hidráulica centrifugal, jaja.

En el ojo del huracán y sin saberlo están los dos tórtolos (léase lovebirds en público anglo)Jacky y Mike deciendo si decir o no a sus padres respecto a su matrimonio. Ahy, qué inoportunas son las falsas bombas para el amor. Cuando despiertan de su sueño de opio amoroso los dos jóvenes, obvio que tienen hambre y se cuelan en el hotel que está junto a los edificios que están detrás del banco que los seis pillos están atracando. Los ladrones se han adelantado en su agenda embustera y deben esperar unos 15 minutos que serén eternos porque los chicos enamorados después de bailar la canción de Jhonny “Make room for a miracle” salen y se dan cuenta de todo, son aprehendido o secustrados por los pillos y enseguida llega el sargento Grey de la policía quien también fue necio en entrar. Sacaron el dinero y escapan pero el chico temerario los sigue hasta que le disparan y se sale de la carretera mientras los pillos siguen huyendo. Detenidos ambos, les ofrecen la recompensa de mil Libras esterlinas que les vendrá muy bien para pagar el tocino del desayuno y al final “Make room for a miracle” recordando que se hizo en Pnewood Studios esta entretenida charada londinense.


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