Filmada en la bucólica isla de Honshu en los Alpes japoneses, la desconsoladora historia de posguerra del campesino Sazuko presagia con medio siglo de anticipo el fiasco “Evil does not exist” de Hamaguchi. Ante todo una desconsoladora derrota de la humildad de vida de los campesinos in situ en pleno edén y de las tradiciones agrícolas ancestrales frente al enemigo de siempre, la ambición inherente al oportunismo capitalista de empresas como Apollo Tourism que supuestamente “planifican” y desarrollan espacios ecotusrísticos y de viviendas para solucionar la sobrepoblación ante el brutal crecimiento demográfico. De por sí Kumai no nos ahorrará previamente la ingratitud de Sazuko viviendo con una tenue pero visible renuencia a la generación de su hija Haruko, entre otras cosas por estar enamorada del joven cantero Asao con costumbres que nada tienen que ver con el campo.

Pero las diferencias generacionales entre el granjero y su hija serán lo de menos cuando Sazuko haga el hallazgo. La rispidez padre-hija no es menor que la de HAruko con su novio Asao por defender a su padre. La escena dolorosa que terminará en violencia intrafamiliar ocurre cuando la madre los visita después de mucho tiempo, para sugerir que los niños sean llevados a estudiar a la ciudad. Hace tiempo la madre egoísta (el adejtivo se lo adjudica Haruko despupes cuando la mamá se alegra de que sean desalojados todos los habitantes por Apollo Turism. la madre los abandonó pero en una escena llena de nostalgia recuerda, vuelve al pasado cuando iniciaban como pioneros ella y Sazuko y regresaban en un embarcación, al principio todo es ilusión.

Pero a Kumai tampoco le faltarán las evocaciones hermosas del campo. Cuando se enferma la vaca Kure, el llanto de los niños y de los viejos por la vaca, por la cual se tuvo que ahorrar, y ahora en un vano intento por hacerla que se desinfle de su indigestión, fallece enfrente a la multitud de agricultores acongojados. Es cierto que hay un conflicto generacional entre el campesino terco y su hija, por estar enamorada de Asao, el cantero que al principio mira la vida igual que Haruko 春 hija de la primavera, pero muy pronto las cosas van a cambiar porque el propio granjero mientras araba el campo se encuentra una vasija del periodo Jómon, un periodo antiguo de hace 10,000 años según Sénsei Gomi, y eso cambia todo en Takimigaoka. En un santiamén ya había máquinas retroexcavadoras, paleontólogos y gente husmeando y pisoteando las tierras en las que esta plétora de gente humilde y trabajadora llevaban generaciones de cultivar con diferentes artes, que ya casi se extinguen. Sazuko de por sí terco es intolerante y se lía a los golpes y puñetazos a los trabajadores y más temprano que tarde Asao es convencido por el ambicioso Inagi para trabajar en Apollo Turism, la empresa que adquirió todos los terrenos del lugar y terminará despojando y arrojando fuera a todos, no sin antes la junta con mesa de negociación o anuncio (escena y motivo idéntico que fue plagiada por hamaguchi en “Evil Does Not Exist”) se presentan los forasteros, les platican el plan y nada les importa que arrasarán con el Bunabayashi o biosque de hayas que era terreno virgen literalmente. Es una obra que da tristea pero también rabia porque hoy medio siglo después en lugares como México siguen ocurriendo esos ecocidios y devastación natural como sucedió con el presidente corrupto Andrés Manuel López Obrador que dilapidó en 2023 y 2024 cenotes y miles de ceibas petandras el árbol sagrado de los mayas para construir un tren Maya inservible y costoso que hoy endeud´a un más al país. EN algún momento casi al final, Sakuzo será arrestado por ser culpado del incendio que se desatará en el sitio a pesar de que Asao se adjudicó la responsabilidad. Todo ocurrió después de que Apollo Tourism a través del nefando Inagi y sus esbirros saboteó los cerdos las vacas y en suma los animalitos de los granjeros para obligarlos a abandonar su tierra por las malas ya que de otro modo legal no lo consiguieron.Ellos mismos, los pobladores,se comenzaron a culpar del sabotaje y el colmo fue que la abuela Ohiteba se ahorcó. De verdad es casi imposible evitar lágrimas con las actuaciones, los rostros no solo de Nakadai, y en la escena en que están de pie frente a la máquina que desbarata de una vez la casucha donde vivían en la pobreza pero felices con su montaña y su pez, su vaca, su cielo y sus cultivos. Los seres humanos tenemos lo que merecemos cuando permitimos que ladrones como López Obrador en México y miles de consorcios y gobernantes destruyan la naturaleza que es de todos.


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